Reconociendo que es un asunto complicado, precisamente por ello me siento obligado a posicionarme claramente. Estoy en contra de la Ley que pretende salir adelante en el Congreso de los Diputados próximamente y que de ser así regularía el cierre de webs que ofrezcan enlaces para descargar películas, música y libros en España. Me apoyo en los siguientes motivos:
1) 1) Personalmente sería un hipócrita y un aquejado de doble moral si aceptara el cese de un campo legal que me ha permitido acceder a cientos de títulos musicales, cinematográficos y televisivos que de otra manera no habría siquiera conocido nunca. Tanto por la suma económica que requeriría como por que muchos de los títulos que me interesan están fuera de circulación comercial, en mi país (y por tanto los gastos de envío pueden llegar a ser bastante serios, superando en ocasiones al precio del producto en sí) o incluso en ningún país del mundo.
2) 2) Una de las cosas buenas que nos da la sociedad de la información es, precisamente, la posibilidad de difusión masiva de documentos de todo tipo. Desde luego nunca tanta basura llegó a las casas de tanta gente, pero tampoco llegó nunca tanto arte, tanta cultura y tanto conocimiento. Que el modelo de negocio de editoriales y productoras se vea trastocado no me parece suficiente razón que compense la castración cultural que supondría el cese de descargas directas entre la ciudadanía, por otra parte ahora ahogada por una crisis económica de gran calado.
3) 3) Si la tecnología permitiese la duplicación gratuita de barras de pan, ¿habría que hacer una ley que protegiese la situación económica de los panaderos? Si en Alemania diseñasen una copia exacta de una playa mediterránea, ¿habría impedírselo por ley para proteger el sector turístico europeo? La gente tiene hambre de cine, música y libres, y ha encontrado un mecanismo difusor que no cuesta nada, no agrede al medio ambiente y no impide que la industria siga planificando ofertas comerciales en sus formatos tradicionales. La gente siempre irá al cine, pero no podrá visionar la cantidad de películas que sólo puede disfrutar por medios tradicionales un crítico de cine o un parásito desocupado, valga la redundancia. La Ley Sinde contribuiría a impedir la posibilidad de que en las clases medias se propaguen los cinéfilos, los melómanos y los lectores.
4) 4) Los músicos deben dar conciertos para ganar dinero. Los compositores tradicionales seguirán cobrando de las productoras cinematográficas (caso de que hagan bandas sonoras), de los conciertos que programen su obra o de sus clases en conservatorios, lo cual han estado haciendo durante todo el siglo XX. Los escritores ganan el grueso de sus beneficios en las primeras ediciones (imprescindibles para que algún alma caritativa las digitalice y las difunda por la Red) y de siguientes ediciones que comprarán los infinitos lectores que prefieren todavía el formato en papel o, ahora, en e-book de pago. Las productoras cinematográficas son ciertamente las de situación más problemática, pero yo, aun en este país de “piratas”, sigo viendo mucha gente en el cine y comprando DVDs en las tiendas; que haya habido un menoscabo en sus cuentas, probablemente, pero la contrapartida social lo merece. Por otra parte, la constante lucha con las descargas gratuitas pone a prueba la imaginación tecnológica de los productores para evitar ser alcanzados por la duplicación exacta: hoy con el 3-D, mañana con quién sabe qué.
5) 5) El cine español recibe subvenciones. Los compradores de material tecnológico duplicador así como las bibliotecas pagan un canon más que suficiente para compensar pérdidas. Si sale adelante la Ley Sinde, todo canon debería desaparecer o al menos desaparecer para los usuarios domésticos.
6) 6) La ley, con toda seguridad, la rechaza la mayoría de la sociedad o, al menos, la mayoría de los consumidores de cultura (y bodrios con formatos afines). La Ley actual, por cierto, ya contempla la regulación judicial de webs dañinas en algún sentido, y los jueces se pronuncian habitualmente, casi siempre dando la razón a las webs de descargas.
7) 7) La SGAE me cae fatal. La connivencia que con ella tiene el Gobierno me parece lamentable, que ha puesto a una cineasta en el ministerio, representando así al sector más duro de la industria y no al de los consumidores. ¿Para cuándo un verdadero erudito independiente y versátil en el ministerio en lugar de artistoides progres que no venderían un colín de no ser por subvenciones y leyes ad hoc? No es una razón muy objetiva, lo sé, por lo cual la sitúo en último lugar y casi a modo de apéndice.
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