sábado 10 de julio de 2010

Compatibilidad y unidad entre religiones

Dos reflexiones citadas en Frustración voluntaria:
Por consiguiente, lo único por lo que se distinguen las naciones entre sí, es por la forma de su sociedad y de las leyes bajo las cuales viven y son gobernadas. Y por lo mismo, la nación hebrea no fue elegida por Dios, antes que las demás, a causa de su inteligencia y de su serenidad de ánimo, sino a causa de su organización social y de la fortuna, gracias a la cual logró formar un Estado y conservarlo durante tantos años. La misma Escritura lo hace constar con toda claridad, ya que basta una lectura superficial para ver claramente que los hebreos sólo superaron a las otras naciones en que dirigieron con éxito todo cuanto se refiere a la seguridad de la vida y en que lograron vencer grandes peligros, gracias, sobre todo, al auxilio externo de Dios; en lo demás, fueron iguales a los otros pueblos, y Dios fue igualmente propicio a todos.
Spinoza (1670)

Repugna, es absurdo segun los principios de la sana lógica, el que dos o mas Religiones contradictorias puedan a la vez ser verdaderas; y si lo es la una, las otras indispensablemente han de ser falsas. Por esto es precisamente que el católico tiene por completamente falsas cuantas Religiones, cuantas creencias existen diversas de la fe que él venera como divina, esto es, como revelada por Dios y propuesta por una autoridad infalible, cual lo es para él la Iglesia. De aquí es que injustamente se le echa en cara la nota de intolerante; he dicho "injustamente" porque está en la naturaleza de la cosa, que el que por fe cree que sus opiniones religiosas son las verdaderas, debe condenar por falso cuanto se opone a ellas, so pena de ser no solo impío sino también inconsecuente y alógico.
Giovanni Perrone (1853)


Estoy más de acuerdo con Spinoza que con Perrone, a quien no conocía hasta hoy. El principio de no contradicción no puede aplicarse a un agregado de capas epistémicas como es una religión. Cada gran religión tiene diversos niveles que pueden agruparse bajo dos grandes facetas: la exotérica y la esotérica. En la primera, una sociedad da manifestación a los principios eternos con un rostro culturizado, adaptado al sentimentalismo (o a la falta del mismo) del pueblo y la época en cuestión. En la interpretación esotérica, los grandes gnósticos y místicos del mundo concordaban entre sí hasta grados pasmosos.

Por lo tanto, en su fondo, las grandes religiones no se contradicen en absoluto, si bien ponen el acento en aspectos distintos y, en según qué casos, omiten completamente otros aspectos pero siempre sin contradecirlos (por ej., el teísmo en el budismo). Del mismo modo, no contradicen a la ciencia, aunque son indiferentes a su discurso y juegan en un terreno simbólico más parecido al del arte.

En la cubierta exterior, el aparato dogmático marca caminos concretos de conducción psicológica y social que, una vez se hipertrofia, clama por una reforma que recuerde a los orígenes de los dogmas, más próximos a los principios universales.

En su deriva racionalista, la visión semítica adoptó una actitud exhasutiva y reduccionista al igual que la ciencia, sólo que su reducción se hacía en el campo de los dogmas mientras que la ciencia lo hacía en el campo de los hechos físicos mensurables. Por ello, aunque en el Islam común moderno o en la Iglesia Católica, por poner dos ejemplos claros, siga habiendo rastros de la Verdad inmutable, el énfasis dado a la lógica aristotélica provoca negaciones u olvidos de asuntos más perentorios.

La simplificación de los hechos divinos como si de eventos físicos se tratara, la fijación con la creencia de tipo bivalente y el arrinconamiento de praxis tradicionales milenarias (rituales, simbólicas, metidativas, ascéticas...), trae consigo un incremento de la inoperancia de las estructuras teológicas y clericales. En relación a problemas políticos circunstanciales, las instituciones religiosas mayoritarias aún tienen una importancia capital, siquera sea para contener el enloquecimiento de la sociedad hipermoderna o para dar esperanza a las víctimas de las lamentables reliquias totalitarias que queden en lugares como Cuba, China y compañía. Pero se alejan más del centro problemático del hombre en tanto que hombre. Los más altos liberados y santos fueron gnósticos o, en todo caso, con un alto grado de pensamiento esotérico.

Todo esto no quiere decir, empero, que el católico deba dejar de ser católico y el musulmán, musulmán. Muy al contrario, la imaginería y las prácticas cotidianas de una tradición buscan dominar el lado culturizado de cada hombre, que existe en tanto que uno no haga un ejercicio de introspección similar al de los saddhus o al de los monjes del desierto. La tolerancia religiosa adecuada es la que respeta y ama a lo que pueda haber de lo Supremo en cada Revelación, en cada ser humano y aun en cada árbol. Pero de ahí a un ecumenismo abstracto, penetrado de la jerga moderna y posmoderna, sonorizado con guitarras en sustitución de la música destilada de cada espiritualidad milenaria, un ecumenismo que no es sino una exaltaciónd de la amistad que se limite a incidir en la caridad... hay mucho viaje, el viaje que desmonta a toda una tradición para dejar de ella únicamente un par de palabras que ya no regulan el horario del hombre y la variedad de debilidades y tentaciones que lo inundan.

El ejemplo más claro que confirma lo que se defiende es Cristo. No venía a torcer los dogmas judíos, sino a darles una nueva dimensión. ¿Qué otra cosa debería hacer un Mesías profetizado? "No penséis que he venido para abrogar la ley o los profetas; no he venido para abrogar, sino para cumplir" (Mt 5:17). El mensaje cristiano era esotérico y mantuvo un alto grado de esoterismo hasta el Renacimiento y aún más lejos, cuando la escolástica se dejó conquistar definitivamente por el metodismo aristotélico y por sus dilemas frente al empirismo. La solidificación del giro cristiano en forma de un nuevo aparato dogmático no es algo de lamentar en sí mismo. Más bien era realmente necesaria, porque necesario es para los grupos humanos armonizarse en torno a una praxis moral, estética, ritual, política...

La contraposición entre cátaros y papistas, entre cristianos y sarracenos, eran preocupaciones de índole socio-cultural. En las llamadas "guerras de religión" no se invadían unas religiones a otras, sino las culturas, culturas penetradas de religión, evidentemente. Había una insistencia en salvaguardar el exoterismo de la propia fe (a menudo indiferenciado de los principios subyacentes en la imaginación de quienes ostentaban el poder militar) porque se buscaba defender y expandir la armonía indivudal y social que reinaba en los pueblos con el vigor suficiente como para realizar tal defensa y tal expansión. En definitiva: las joranads litúrgicas que se extendieron lograron tal extensión precisamente porque funcionaban, aunque las categorías en estas cosas siempre sean difusas y nunca estén todos los que son ni sean todos los que están. En una época en la que la religión condicionaba el funcionamiento del conjunto, las estatuas o las cúpulas que salieron a la conquista triunfaron porque eran garantía de éxito en infinitos aspectos; no hace falta que naciera Darwin para darse cuenta de que el que consigue el poder lo ejerce para ampliar su espacio vital.

Que los iluminados se retiraran a los bosques y recomendaran no juzgar a nadie no es contradictorio con el espíritu de la época, pues en el rango espiritual cada casta se dirige a su casta y se armoniza con el Cosmos a su manera. En la fase del Yuga que les tocó vivir (el mismo que a nosotros, por cierto), los señores feudales no tenían una forma mejor de unirse a Dios que defender su visión con la espada mientras pronunciaban sus toscas pero piadosas invocaciones. Muchos de ellos eran de corazón duro, niños maleducados y sentimentales que no obstante mantenían las mismas aspiraciones al Paraíso que pueda tener un hombre de hoy. El peligro que puede tener tal actitud es su fácil reconducción hacia el odio; se requiere un espíritu totalmente autodisplinado para combatir sin odio, algo que confunden los terroristas sanguinarios que hicieron caer las Torres Gemelas.

Resumiendo lo dicho más arriba, cada exoterismo cumple un ciclo y las transformaciones son dolorosas, pero se producen adecuadamente cuando los hombres se encuentran desorientados en un vacío o en un cruce de caminos a cual más imperfecto.

Al tradicionalismo típico, limitado a sus miras provincianas, superpóngase un tradicionalismo universalista, esencialista, de largo alcance. Porque iglesias, sinagogas y mezquitas pasarán, pero los principios del espíritu no pasarán mientras haya espíritus inquietos por salvarse. Es la visión de la Sophia Perennis, la filosofía no explícita de tantas y tantas generaciones que se abre al gran público en los últimos tiempos para recordar a la mentalidad logicista, en su propio lenguaje, que las mejores operaciones de la mente se mueven en el terreno de la sutileza.

2 comentarios:

  1. Estoy de acuerdo pero sí es verdad que hay una decadencia en toda religión cuando precisamente decide apropiarse para sí el monopolio de la verdad de forma que entonces sí que, cuando por ejemplo el catolicismo escolástica mediante se dice de repente único poseedor de la verdad, se debe uno bajar del tren y decir alto y claro que, efectivamente, el budismo, el taoísmo, el etc no tiene acoplamiento con el catocilismo pero porque éste ha dejado de ser una religión y ha empezado a convertirse en una ideología.

    Por eso, suscribo tu crítica a la incapacidad de algunos escépticos de entender la fácil consonancia de lo religioso, como cualquier juergo simbólico, con lo verdadero pero también hay que meter caña a aquellos jugadores de lo simbólico que se creen estar haciendo ciencia y hacerlo a base de dogmas y mala fe.

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  2. Héctor, creo que no hay más que acuerdo entre nuestras posturas. Efectivamente el catolicismo se anquilosó al hipertrofiarse su aparato racionalista, y además perdió por completo el norte en algunos momentos previos de hiperemocionalismo mezclado con una burda lógica griega (véase el caso de Hipatia). Karen Armstrong lo explica mucho mejor que yo en su magnífico "En defensa de Dios" y que descubrí gracias a tus posts.

    Lo que es cierto es que no todo el cristianismo (los ortodoxos mantienen bastante de la frescura primigenia) y ni siquiera sectores del catolicismo actual ponen como único proyecto la creencia como única vía de salvación y de conducción vital. He leído con gusto un trabajo de un fraile cotejando el cristianismo con el vedanta y cada vez se habla más en trapas y cartujas de hacer uso de la meditación oriental para llegar a Dios.

    ¿Qué implica el hecho de que los teístas accedan a incluir en su ámbito sagrado a rituales y prácticas no teístas? Sencillamente, que el teísmo es sólo una manifestación más de lo divino o, si se prefiere, una forma más de concebir el Misterio último que esconden los fenómenos del Cosmos, del mismo modo que uno puede ver diversos dibujos entre las mismas estrellas sin que ninguno de ellos sea falso.

    Pero, como digo, no creo necesario sino más bien contraproducente el querer diluír por completo la teología para elevarse místicamente, pues casi todos los místicos han superado los hábitos tras haberlos asimilado en lo más hondo.

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