martes 13 de julio de 2010

Ataraxia cristiana (III)

¿Cómo va a aprobar lo que Él mismo prometió que juzgaría?: “De toda palabra ociosa –dice– que hablen los hombres darán cuenta el día del juicio” (Mt 12, 36)”. Pues, si se pedirá cuenta de las conversaciones ociosas, ¿qué no se exigirá de las que tienen por tema burlas, mentiras, murmuraciones y otras cosas por el estilo que no convienen en absoluto a los siervos de Cristo?
San Lorenzo Justiniano, Disciplina y perfección de la vida monástica, XV

¡Oh, qué raros son los que se aman a sí mismos! ¡Qué difícil es encontrar almas que quieran amarse a sí mismas con amor ordenado! […] es lo que atestigua el profeta David cuando dice: “El que ama la iniquidad odia su alma” (Sal 10, 6). Y el Señor en el Evangelio lo aclara cuando dice: “Quien ame su vida la perderá”.
San Lorenzo Justiniano, Disciplina y perfección de la vida monástica, XXII

El verdadero discípulo de Cristo evitará las discusiones como contrarias a la humildad, no contenderá con palabras charlatanas, no gritará, no contradirá pertinazmente, se fiará más del juicio ajeno que del propio, circuncidará su boca para que no ponga a nadie tropiezo para caer; no sólo evitará las palabras impúdicas o difamatorias, sino también se apartará con horror de fábulas inútiles, de conversaciones chocarreras y ociosas; callará debidamente y sólo brindará a los oyentes lo que pueda edificarles. Conoce el amante de la sabiduría cuánto destruye el alma una conversación desordenada, cómo disipa la compunción, trastorna el juicio, mancha el alma, quita la confianza y ofende a Dios.
San Lorenzo Justiniano, La lucha interior, II

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