martes 4 de agosto de 2009

Procesamiento informativo, intelección y libertad (II)

Es más; si otra cosa nos determinara que no fuera el resultado último de nuestra propia mente juzgando acerca de la bondad o maldad de cualquier acción, no seríamos libres, ya que el fin mismo de nuestra libertad es que podamos alcanzar el bien que elegimos. Por lo tanto, todo hombre está bajo la necesidad, por su constitución como ser inteligente, de determinarse a inclinar su voluntad hacia lo que considere que es lo mejor que debe hacer, según el dictado de su pensamiento y juicio; de lo contrario estaría bajo la determinación de otro que no fuera él mismo, que es la falta de libertad. Y negar que la voluntad de un hombre sigue el dictado de su propio juicio, en cada una de sus determinaciones, equivale a decir que un hombre tiene una volición y obra en prosecución de un fin que, en el momento de esa volición y de ese acto, no le interesa alcanzar.

J. Locke, Ensayo sobre el entendimiento humano, Libro segundo, XXI, §48


Oh Arjuna, atado por tu propio karma procedente de tu naturaleza, harás irremediablemente incluso lo que por estar engañado no quieres hacer.

Bhagavad Gita, XVIII, 60


El pensamiento de Locke confirma lo ya expuesto (y lo que comenté –con Schopenhauer– sobre la necesidad de preferir lo que se prefiere y el absurdo de pensar un ser intencional libre de elegir sus fines últimos).

Ahora, no es descartable una evidencia empírica de que en ocasiones nuestro deseo no está condicionado por razones (esto es, por cálculos lógicos de cierta clase) o por necesidades fisiológicas inmediatas. Con la Estimulación Magnética Transcraneal el doctor Álvaro Pascual-Leone ha sido capaz de modificar conductas inhibiendo unas conexiones neuronales o estimulando otras. El probando, al hacer un gesto incitado por el doctor, afirma que era su deseo realizar ese gesto. Esto es, que se consideraba libre de ejecutar una volición aun cuando es evidente que había sido inducida desde el exterior. O sea, no hay procesamiento de información sensorial ni mucho menos intelección sino solamente una aplicación directa sobre el mecanismo pensante, una reconfiguración no prevista por el carácter autorregulador del sistema sino íntegramente artificial que, sin embargo, no parece producir en el sujeto la sensación de determinación. De lo que se debería inducir que en el comportamiento cotidiano también puede haber sensación de volición suscitada por una concatenación de estímulos en ocasiones azarosos (lo que haría a menudo impredecible a la mente). Esta impredicibilidad podría haber evocado la idea original de libre albedrío.

A todo esto se me ocurren algunas objeciones tangenciales:

1) La sensación de libertad sigue estando y podemos seguir acotando a ese hecho la noción de libertad. Bien que en rigor ninguna palabra puede definirse a sí misma, pero informalmente podemos hacerlo con los sentimientos: para ser feliz hay que sentirse feliz, y para ser un hombre socialmente libre hay que estar fuera de la prisión y ser consciente de ello. Incluso para comer es condición sine qua non querer comer.

2) Dije ayer que libre albedrío es “independencia que permita no necesitar a un agente externo intervencionista para incrementar las respuestas a los datos novedosos entrantes”. No necesitar a un agente externo no implica que no lo pueda haber eventualmente. En este caso de la estimulación magnética está claro que lo hay. También lo hay si un rayo cae en la cabeza de alguien que milagrosamente salva su vida aunque enloquece. Lo mismo si un golpe en el cráneo produce un incremento o un descenso de memoria, de capacidad de procesamiento o de gusto por el color azul.

3) Los eventuales actos reflejos, asimismo, no requieren de la conciencia para efectuarse. Quizá la manipulación psicofísica en el experimento sea análoga a ese fenómeno.

4) El mismo Pascual-Leone admite que la capacidad natural de plasticidad que tiene el cerebro es asombrosamente ingente. Parece natural que si algo es deformable por su propio sistema sea también fácilmente moldeable desde el exterior. Una babosa o una ameba hacen serpentear su base como a una masa informe para avanzar, y nosotros también podemos amasarla sin resistencia porque su plasticidad no es exclusiva de su ordenamiento interno.

5) En el caso de la estimulación magnética no hay procesamiento de información, no hay expectativas para tender hacia el comportamiento más beneficioso, que es una de las condiciones que dimos en su momento. El sujeto así determinado, empero, se dice libre. Hay que tener en cuenta que las alteraciones que Pascual-Leone inducía no ocasionaban reconducción de la conducta en al menos un 20% de los casos. El famoso Benjamin Libet (quien, recordémoslo, pese a ser tan citado por los deterministas no es uno de ellos) asume que hay una capacidad de lo que él llama la conciencia para inhibir -o aprobar- en el último milisegundo un comportamiento puesto ya mecánicamente en marcha. Tal vez los probandos que resistieron el intento de modificación conductual activaron este resorte porque pusieron atención. Tal vez los que no lo hicieron se sintieron indiferentes a su gesto (como uno es indiferente a su gesto de rascarse cuando está somnoliento) y la cosa habría cambiado si les hubiera ido algo en ello. También intuitivamente afirmamos cuando nos preguntan si éramos libres al rascarnos en la duermevela. Salvo en una determinación fatal (un golpe enloquecedor, una hipnosis que nos incita al suicidio), nos llamamos libres aunque nos veamos claramente determinados, porque sospechamos que el ser libre es una propiedad consustancial al hombre y no un atributo transitorio de ciertos estados, que es lo que en realidad es. Parece que la gente entiende en términos cuasi-aristotélicos que aquel que ha sido libre denota poseer esa propiedad en todo momento, sea en acto o en potencia. La generalización inconsciente de esta idea es, nuevamente, una defección del lenguaje.

3 comentarios:

  1. Respecto a Libet -único "pero" a otro post bien confeccionado- insisto en entenderlo como la demostración de que nos damos cuenta de que elegimos luego de elegir pero que no es relevante el experimento para saber si decidimos o no.

    Por lo demás, incluso aceptando pulpo como animál de compañía que empieza por P, que va a ser que no, la cuestión es que el libre albedrío apareceería en cuestiones cuya deliberación no sea inconsciente como si pasa normalmente cuando decidimos levantar un brazo o etcétera que son actividades sicomotoras para las que el insconsciente tiene derecho de tutela.

    Ese tema de cuándo aparece el inconsciente y para qué, lo trata muy Schrödinger en alguno, ya no recuerdo, de sus panfletos orientales, perdón, quise decir, opúsculos sobre filosofía científica.

    Y casi off-topic pero como veo que te gusta tanto el tema -yo soy más de la consciencia (estaría bien hacer un repaso de la historia de la filosofía evaluando los temas fetiches de los filósofos, uno fácil Schopenhauer->voluntad)- te paso un link en donde se defiende el libre albedrío en términos escolásticos creo que incluso para un ignorante como yo bastante comprensibles:

    http://www.institutoacton.com.ar/articulos/artzanotti7.pdf

    Sí, son veinte páginas, no seas quejica y reitero mi protesta con el título porque tus anotaciones no necesitan demostrar lo que ostensiva y felizmente ya son ;-)

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  2. La conclusión que haces sobre Libet es interesante. Sospecho que sea la que él mismo defiende. La decisión puede ser algo inconsciente. Se ha relacionado tradicionalmente libre albedrío con conciencia. La conciencia importante en este caso, para mí, es la de ser consciente de ser libre, creerlo íntimamente, instintivamente, aunque racionalmente nos pensemos máquinas determinadas. Aun cuando nos sabemos causados, intentamos vencer la causalidad inevitable, como expresa el fragmento que cité del Bhagavad Gita. Sin esa sensación íntima sí que no es posible hablar siquiera del tema.

    Efectivamente el tema me apasiona, especialmente por la veta que he descubierto de la falaz interacción entre presupuestos de significación paralelos, mejor diría oblicuos. Sospecho que más de un problema filosófico de toda la vida se debe a preguntas mal formuladas, como pensaban Wittgenstein, Carnap o Planck.

    El pdf promete, algo de historia de la filosofía cuando menos. Lo leeré en otro momento. A partir de ahora desapareceré unos días sin hacer seguramente ningún acto de presencia. Un saludo, Héctor, espero que estés aprovechando tus merecidas vacaciones de El libro de la almohada.

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  3. Y el título reiterado: no lo he hecho por molestar, es que simplemente estaba necesariamente unido al anterior post, y tenía que ser consecuente.

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