domingo, 22 de mayo de 2011
Por qué no voto
martes, 21 de diciembre de 2010
Razones por las que estoy en contra de la Ley Sinde
martes, 13 de julio de 2010
Ataraxia cristiana (III)
¿Cómo va a aprobar lo que Él mismo prometió que juzgaría?: “De toda palabra ociosa –dice– que hablen los hombres darán cuenta el día del juicio” (Mt 12, 36)”. Pues, si se pedirá cuenta de las conversaciones ociosas, ¿qué no se exigirá de las que tienen por tema burlas, mentiras, murmuraciones y otras cosas por el estilo que no convienen en absoluto a los siervos de Cristo?
¡Oh, qué raros son los que se aman a sí mismos! ¡Qué difícil es encontrar almas que quieran amarse a sí mismas con amor ordenado! […] es lo que atestigua el profeta David cuando dice: “El que ama la iniquidad odia su alma” (Sal 10, 6). Y el Señor en el Evangelio lo aclara cuando dice: “Quien ame su vida la perderá”.
El verdadero discípulo de Cristo evitará las discusiones como contrarias a la humildad, no contenderá con palabras charlatanas, no gritará, no contradirá pertinazmente, se fiará más del juicio ajeno que del propio, circuncidará su boca para que no ponga a nadie tropiezo para caer; no sólo evitará las palabras impúdicas o difamatorias, sino también se apartará con horror de fábulas inútiles, de conversaciones chocarreras y ociosas; callará debidamente y sólo brindará a los oyentes lo que pueda edificarles. Conoce el amante de la sabiduría cuánto destruye el alma una conversación desordenada, cómo disipa la compunción, trastorna el juicio, mancha el alma, quita la confianza y ofende a Dios.
Ataraxia cristiana (II)
De hecho, no es la comida lo que ha de hacernos gratos a los ojos de Dios; pues ni seremos mejores porque comamos, ni seremos peores porque dejemos de comer. Pero, eso sí, cuidad de no herir la conciencia más débil de otro hermano al hacer vosotros uso de la libertad que tenéis para comer lo que os plazca. Porque puede suceder que alguno de vosotros, sabiendo que no hace nada malo, entre a comer en un templo donde hay ídolos, y que después llegue un hermano débil de conciencia, que, al verle comiendo, decida (aun pensando que va a hacer algo malo) comer él también de lo sacrificado a los ídolos. En tal caso, aquel que en su libertad hizo uso del conocimiento que posee, será responsable del daño espiritual que pueda causar en su hermano, por quien también Cristo murió. Pecar contra la conciencia débil de un hermano, alentándolo a hacer algo que él tiene por malo, es pecar contra Cristo mismo. Por lo tanto, si por comer carne ofrecida a los ídolos voy a ser motivo de que mi hermano peque, más me valdrá no comerla nunca, evitando así que él tropiece y caiga.
Ataraxia cristiana (I)
Fueron unos ancianos adonde estaba abba Antonio, e iba con ellos abba José. Los quiso probar el anciano y les propuso un pasaje de la Escritura preguntándoles su sentido, comenzando por los menores y uno a uno respondían según su capacidad. A cada uno de ellos decía el acniano: “No lo has encontrado todavía”. Por último le preguntó a abba José: “¿Qué dices tú acerca de esta palabra?”. Respondió: “No sé”. Dijo abba Antonio: “Abba José encontró el camino, pues dijo: No sé”. (17)
Abba Benajamín dijo a sus hijos al morir: “Haced esto y os salvaréis: alegraos siempre; orad incesantemente; en todo dad gracias”. (171)
Dijo también [abba Teodoto]: “No juzgues al fornicador si tú eres continente. Si lo haces, quebrantarás igualmente la Ley, pues el que dijo: No fornicarás, dijo también: No juzgarás”. (302 A)
Dijo abba Juan: “Soy como un hombre sentado bajo un gran árbol, y que ve venir contra él muchas fieras y serpientes, y como no les puede resistir, sube al árbol y se salva. Del mismo modo, sentado en mi celda, veo los fieros pensamientos que vienen contra mí, y que no he de poder con ellos; huyo por la oración adonde está Dios, y me libro del enemigo”. (327)
Decían acerca de abba Juan que fuera una vez a la iglesia de Escete, y al oír las disputas de los hermanos volvió a su celda. Antes de entrar, la rodeó tres veces. Los hermanos que lo vieron, nno sabían por qué habá hecho esto, y fueron a preguntárselo. Él les dijo: “Mis oídos estaban llenos de la disputa. Hice esas vueltas para purificarlos, y de esta manera entrar en mi celda con tranquilidad de espíritu”. (340)
Un hermano rogó a aba Hierax, diciendo: “Dime una palabra, ¿qué he de hacer para salvarme?”. Le respondió el anciano: “Permanece en tu celda. Si tienes hambre, come; si tienes sed, bebe; no hables mal de nadie, y serás salvo”. (399)
Dijo también [abba Pastor]: “Hay un hombre que parece callar, pero que condena a otros en su corazón; ese tal habla constantemente. En cambio, hay otro que habla de la mañana a la noche, y sin embargo guarda silencio; es decir, no dice nada que no sea de provecho”. (601)
Un hermano se llegó adonde estaba abba Pastor y le dijo: “Abba, tengo innumerables pensamientos y ellos me ponen en peligro”. El anciano lo llevó fuera y le dijo: “Llena tu pecho y retiene el aire”. Pero aquél le dijo: “No puedo”. El anciano le dijo: “Si no puedes hacer esto, tampoco puedes impedir que lleguen a ti los pensamientos, mas el resistirlos depende de ti”.(602)
Dijo también: “El hombre que vive con su compañero, debe ser como una columna de piedra. No se enoja si es insultado y no se exalta si es alabado”. (761 K)
Dijo también: “No abras tu conciencia al hombre en quien no confía tu corazón”. (761 N)
sábado, 10 de julio de 2010
Compatibilidad y unidad entre religiones
Por consiguiente, lo único por lo que se distinguen las naciones entre sí, es por la forma de su sociedad y de las leyes bajo las cuales viven y son gobernadas. Y por lo mismo, la nación hebrea no fue elegida por Dios, antes que las demás, a causa de su inteligencia y de su serenidad de ánimo, sino a causa de su organización social y de la fortuna, gracias a la cual logró formar un Estado y conservarlo durante tantos años. La misma Escritura lo hace constar con toda claridad, ya que basta una lectura superficial para ver claramente que los hebreos sólo superaron a las otras naciones en que dirigieron con éxito todo cuanto se refiere a la seguridad de la vida y en que lograron vencer grandes peligros, gracias, sobre todo, al auxilio externo de Dios; en lo demás, fueron iguales a los otros pueblos, y Dios fue igualmente propicio a todos.
Repugna, es absurdo segun los principios de la sana lógica, el que dos o mas Religiones contradictorias puedan a la vez ser verdaderas; y si lo es la una, las otras indispensablemente han de ser falsas. Por esto es precisamente que el católico tiene por completamente falsas cuantas Religiones, cuantas creencias existen diversas de la fe que él venera como divina, esto es, como revelada por Dios y propuesta por una autoridad infalible, cual lo es para él la Iglesia. De aquí es que injustamente se le echa en cara la nota de intolerante; he dicho "injustamente" porque está en la naturaleza de la cosa, que el que por fe cree que sus opiniones religiosas son las verdaderas, debe condenar por falso cuanto se opone a ellas, so pena de ser no solo impío sino también inconsecuente y alógico.
domingo, 3 de enero de 2010
Lesiones tontas, terapias aun más tontas
Sé, en primera persona, de otro hiato entre medicina y salud de fácil pero alternativo hallazgo. Siendo un caso menos dramático que el que sugerí como posible el otro día, es mucho más palmario en su calidad de indignante.
Sufrí hace algún tiempo una lesión en un brazo que se manifestó en una tendinitis. Pese a que diversos médicos me atiborraron de antiinflamatorios y me recomendaron reposo (no hicieron otra cosa), la cosa se cronificó. Sucedió precisamente por el reposo excesivo, de tal forma que cualquier acción muscular suponía un sobreesfuerzo que alargaba la tendinitis. Desesperado, acudí a una clínica de fisioterapia: sólo por obligarme a fortalecer la musculatura ya me sirvió de algo, pero el dolor persistía.
Fue cuando un fisioterapeuta distinto cuando sané, al aplicarme el Masaje Transverso Profundo, más conocido como masaje Cyriax, en honor del médico y ortopeda que lo inventó. La técnica en cuestión no parecía de una complejidad técnica extrema, pero requiere de fuerza por parte del fisioterapeuta y muy pocos están dispuestos a realizarlo sistemáticamente: es más cómodo y barato enchufar los ultrasonidos, que para nada sirven a la luz de mi experiencia.
Mientras curaba de mi sesión (a la segunda sesión ya estaba funcional) lo mencioné a un traumatólogo en una de mis visitas: no conocía tal terapia. Me habían recomendado infiltraciones antes de recomendarme una terapia quiropráctica del todo natural y de resultados positivos comprobados científicamente desde hacía décadas. Mi sorpresa dejó paso a la comprensión: por eso hay tantas y tantas tendinitis, cervicalgias o contracturas crónicas; porque los fisioterapeutas se lucran con largas terapias inútiles a la par que los médicos se lavan las manos y desatienden a quien puede vivir con mayor o menor fortuna.
Más adelante, al recibir por casualidad un fuerte masaje tailandés, comprobé que el Cyriax ya era de algún modo puesto en práctica por los masajistas de una tradición acientífica y milenaria. Entonces mi indignación no pudo ser ya mayor: nada había nuevo bajo el sol, pero bajo la esplendorosa luz de la medicina oficial no se exponía nada decente en aplicación de mi problema, un problema que se me había hecho enorme y que era en el fondo muy poca cosa.
Algunas verdades me han quedado bien grabadas: no existe mejor ni más barato antiinflamatorio que el hielo, no existe mejor prevención de lesiones que músculos elásticos y fuertes, no existe mejor terapia activa que el Cyriax y similares. Ninguna de estas verdades me ha sido dada por un doctor, sino por diplomados o por tailandeses sin estudios. Sólo los deportistas parecen tener acceso gratuito inmediato a estos datos, pues cuando se trata de estar en un campo de fútbol, ¿a qué terapias creen que recurren? ¿Qué son la medicina y la fisioterapia deportiva sino atajos para viajes que el ciudadano de a pie hace en más tiempo y con peores medios?
Y yo me pregunto: si en algo tan sencillo y cotidiano como una inflamación músculo-tendinosa se producía esta lamentable aberración, ¿no sería desgarrador que hubiera situaciones paralelas en otras patologías más graves? ¿No estaremos ciegos ante multitud de terapias eficaces pero enmudecidas por el severo rigor de una medicina achacosa? ¿No estará el Estado derrochando dinero y los pacientes sufriendo innecesariamente por culpa de la ignorancia y del corporativismo?
No quiero demonizar a la ilustre carrera. Hay multitud de obstáculos patológicos que sólo desde la ciencia occidental han hallado solución, y citaría tantos ejemplos que aburriría. La cuestión es si es perfecta y si puede complementarse con otras vías baratas y fácilmente comprobables aunque no hayan nacido en laboratorios ni en camillas de hospital.